Álvaro González Alzate, el poder detrás del poder en la Federación Colombiana de Fútbol – Fútbol Colombiano – Deportes



Álvaro González Alzate es el dirigente más experimentado que tiene hoy el fútbol colombiano. Se le ha calificado como el poder más fuerte de este deporte en el país, aunque nunca ha sido la cabeza visible de la Federación Colombiana de Fútbol. Polémico, habla poco, pero cuando lo hace sacude las estructuras de la entidad.

Hoy, González Alzate aparece cuestionado dentro de la investigación por la reventa de la boletería de la eliminatoria para el Mundial de Rusia 2018. La Superintendencia de Industria y Comercio ratificó todas las sanciones que impuso a la Federación y los miembros del comité ejecutivo cuando se firmó el contrato con Ticket Shop, incluido González.

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El presidente de la Difútbol negó tener alguna responsabilidad en el asunto. “No conozco hasta la fecha ninguna prueba legal contra Álvaro González Alzate y demás compañeros, que demuestre lo contrario a esta afirmación. Y tengo fe que mis colegas del Comité Ejecutivo de la Federación, incluido ese señor Jorge Perdomo, tampoco lo sabían”, dijo.

“Me parece tremenda injusticia lo decidido, y por eso acudiré hasta las últimas instancias judiciales que me permitan Dios y los códigos colombianos para demostrar la verdad de todo lo sucedido”, agregó.

Esta historia tiene dos puntos de quiebre: la relación con Perdomo, expresidente de la Dimayor (rama profesional) y el famoso contrato con Ticket Shop que luego terminó en una red de reventa de entradas que acabó en una investigación que llegó tanto a la SIC como a la Fiscalía. Pero antes de eso hay que contar cómo llegó González al fútbol y en qué momento ganó el peso que tiene hoy, que lo ha llevado a tomar muchas decisiones claves y que también lo ha metido en muchos líos.

González Alzate nació en Manizales el 3 de septiembre de 1944. Llegó al fútbol como jugador, inicialmente: a pesar de que apenas mide 1,59 metros, jugaba como zaguero central en todos los equipos de los lugares donde estudió: primero, en la escuela José María Guingue, y luego, en el Instituto Tecnológico de Manizales. Durante dos años vivió en Fresno (Tolima), donde estudió y jugó en el Colegio San José. Y luego estuvo en clubes aficionados, como el Deportivo Hoyo Frío.

Ya desde entonces comenzó a meterse no solo en la cancha, sino en la organización, por lo cual comenzó a tomar decisiones desde muy joven: en la cancha ya era dirigente. En Fresno ya organizaba campeonatos. A su regreso a Manizales, hizo parte del comité de fútbol de Manizales y luego fue secretario de la Liga de Fútbol de Caldas.

Alvaro González Alzate (der.), junto a Juan José Bellini, en 1994.

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Sin haber sido presidente de ese ente deportivo, González se fue ganando un espacio en la dirigencia nacional. Como secretario, asistía a todas las asambleas de Difútbol (la división aficionada del fútbol colombiano), hasta que el entonces presidente de la entidad, Saúl Velásquez, le propuso irse a vivir a Bogotá. Ahí comenzó a hacer mucho ruido.

González supo pescar en río revuelto para llegar a la cabeza de la Difútbol, en el ya lejano 1993. Desde antes era director ejecutivo de la entidad y fiscal de la Federación Colombiana de Fútbol, cargo desde el que hizo una investigación que fue la cuota inicial de la salida de León Londoño Tamayo, quien estuvo más de 30 años en la entidad: comenzó a revisar los gastos del Mundial de Italia-90 y encontró irregularidades. Después aparecieron los soportes. Londoño renunció en 1992.

En su reemplazo, nombraron a Juan José Bellini, expresidente del América de Cali. Saúl Velásquez era opositor suyo y manifestó públicamente su desaprobación. Luego la Difútbol salió a aclarar que esa declaración era a título personal y no de la entidad.

Un año después, Velásquez dimitió y González fue nombrado en el cargo. “Me causa sorpresa la actitud del doctor Velásquez porque lo que siempre se trató en el comité ejecutivo fue lo relacionado a encontrar fórmulas que buscaran la unión y trabajar por el fútbol colombiano en general. Prefiero, de todas maneras, no entrar en detalles al respecto. Mi única y valedera intención es la de aunar esfuerzos para sacar adelante el fútbol aficionado colombiano”, dijo entonces.

González comenzó su gestión con una gran purga. Fomentó la creación del Colegio Nacional de Árbitros y sacó a varios jueces del panel por irregularidades. Y luego, en 2002, encabezó la llamada ‘Operación Nasar (no a sobornos arbitrales)’, producto de una investigación contra la corrupción.

En 2006, cuando se reformaron los estatutos de la Federación, los presidentes de Dimayor y Difútbol tuvieron asiento en el comité ejecutivo y así González comenzó a convertirse en el poder detrás del poder. Nunca ha asumido la presidencia de la entidad, pero siempre ha tenido mucho que ver en las decisiones de todos los que estuvieron al frente, como Óscar Astudillo, Luis Bedoya y ahora Ramón Jesurún.

Álvaro González Alzate (izq.) anuncia la creación de la Comisión Arbitral en 2006. Con él, el entonces presidente de la FCF, Óscar Astudillo.

Fue tanto el peso que ganó que el fútbol profesional tuvo que moverse, y mucho, para contrarrestar su poder. Mientras González manejaba el poder de todas las ligas, la Dimayor solo contaba con los 16 votos de los equipos de la A. Hoy son 36, contando a la segunda división.

Pero no solo puso presidentes, sino también técnicos. Fue férreo opositor de Luis Augusto García, cuando este manejó la Selección Colombia, entre 2000 y 2001. González le sugirió al ‘Chiqui’ un nuevo cuerpo técnico y este no aceptó. Terminaron nombrando de nuevo a Francisco Maturana.

Y en 2003 ya tenía listo el regreso de Hernán Darío Gómez, cuando Maturana perdió contra Venezuela en Barranquilla por la eliminatoria, a pesar de que ‘Bolillo’ estaba en Ecuador. El tema se filtró a la prensa y el nombramiento se cayó.

Salidas en falso

González no suele dar muchas entrevistas, salvo a dos o tres periodistas amigos. Pero varias veces abrir la boca le ha costado muy caro.

El dirigente respaldó en su momento a Hernán Darío Gómez, quien tuvo que renunciar a la Selección en 2011 tras agredir a una mujer a la salida de un bar en el centro de Bogotá. El problema fue la frase que utilizó: “Si Piedad Córdoba fuera agredida por un hombre, estaría todo el mundo aplaudiendo”, dijo.

El arbitraje, un tema que le apasiona, también le ha traído problemas. “Se comenta que uno de los primeros requisitos que se tienen para llegar a las altas esferas del arbitraje colombiano es ser homosexual, y eso me parece grave”, dijo en 2012.

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Otro escándalo reciente fue en el caso de acoso sexual de parte del entonces técnico de la Selección femenina Sub-17, Didier Luna, a la fisioterapeuta de ese equipo, Carolina Rozo. González defendió a Luna y a Sigifredo Alonso, el preparador físico.

“Tengo entendido que los señores Dídier Luna y Sigifredo Alonso, personas directamente involucradas en los presuntos hechos, están preparando denuncias penales por difamación y calumnia contra los responsables de los comunicados públicos. Eso personalmente me parece perfecto (…) Para mí, es solo un afán desmedido de figuración y protagonismo inmerecido”, dijo entonces al diario La Patria.

Finalmente, Luna fue condenado a 28 meses de prisión por injuria por vía de hecho. La investigación interna de la FCF no ha tenido avances. “Ellos querían que yo entregara las pruebas para ayudar al señor Luna a sacudirse. Él lo dijo en una entrevista que le hicieron en Acord Colombia: decía que la Federación siempre lo había apoyado, que su padrino era Álvaro González y que cuando superara sus problemas, allá volvía”, le dijo Rozo a EL TIEMPO.

Ahora, el escándalo de la reventa vuelve a poner a González en el ojo del huracán. Y acá vuelve a aparecer el nombre de Jorge Perdomo, quien también era integrante del comité ejecutivo de la Federación cuando se firmó el contrato con Ticket Shop.

En su momento, Perdomo denunció ante la Confederación Suramericana de Fútbol a González por, supuestamente, haber recibido 50.000 dólares por un contrato de asesorías. La entidad respondió que no había “ninguna mención ni identificación de operaciones ‘sospechosas’ o pagos indebidos”. Finalmente, un grupo de clubes se reunieron para pedir la cabeza de Perdomo, quien dejó la presidencia de Dimayor en junio de 2018.

En el caso de la reventa, Perdomo insistió en que era inocente y presentó testimonio en la Fiscalía. “Yo me enteré mucho después, en agosto de 2017, antes del partido Colombia – Brasil, por intermedio del señor Rodrigo Rendón Cano, antes de la terminación del contrato de boletería, cuando me abordó para ofrecerme un dinero para la renovación del contrato, contándome que para la adjudicación había entregado mil millones a cada uno de los jerarcas. Ese hecho lo puse en conocimiento del fiscal Néstor Humberto Martínez”, dijo Perdomo.

González, en una declaración escrita esta semana, dio su versión. “Expliqué que lo entregamos (el contrato) a Ticket Shop porque fue la firma que nos ofreció las mejores condiciones y garantías económicas, hechos que quedaron totalmente confirmados cuatro años después, cuando en los balances contables de la Federación se demostró que con ese contrato logramos conseguir para el fútbol colombiano aproximadamente 9.500 millones de pesos más que lo ofrecido por cualquiera de las otras firmas proponentes”, dijo.

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“Hoy después de cuatro años, me ratifico en que personalmente no conocía de la existencia de esa firma Ticket Ya, en mi concepto la directa responsable de todo este lío”, agregó.

El poder de González Alzate es enorme. Pero ahora él, como los otros miembros del comité ejecutivo que aún permanecen en sus cargos (Jesurún, Elkin Arce y Claudio Cogollo) están a la espera de qué avances tiene el caso en la Fiscalía. Si la investigación prospera, el Ministerio del Deporte podría pedir la suspensión de sus funciones. Nunca antes González había estado tan en jaque como ahora.

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JOSÉ ORLANDO ASCENCIO
Subeditor de Deportes
@josasc