FUI EL CAMINO, por Joaquin Arespacochaga

"Avanza

avanza camino

tu mueves las cosas

yo quedo conmigo

 

Avanza

avanza camino

que las horas no esperan

y la vida camina contigo

 

Avanza

avanza destino

no te lleves mis sueños

viaje contigo el olvido

 

Avanza

avanza destino

que soy el polvo que queda

después de haber sido camino".

 

Joaquin de Arespacochaga.

Comentario:

En este breve y redondo poema de reminiscencias lorquianas, y más levemente juanramonianas, el poeta Joaquin Arespacochaga nos recuerda que la vida siempre encuentra su sentido, y cada uno de nosotros debe luchar por encontrarlo. Como ese arquero orteguiano que tiene un blanco donde fija su mirada para lanzar su flecha, lema vital que, en homenaje a Leibniz, y entroncando con Aristóteles también, Ortega asumió para reafirmar que el ser es una vis activa que desarrolla su periplo vital con un objetivo deseado, que finalmente viene a subsumirse en su mismo destino.

 

Nos parece que Joaquin Arespacochaga refiere esta idea en estos ajustados versos. Por el camino avanzan las cosas. El camino siempre guiando, pues "la vida camina contigo". Aquí apreciamos esa idea de la reconversión de la vida en destino, uno de los objetivos perseguidos por la preceptiva del realismo literario.

 

Como un moderno Odiseo, Joaquin Arespacochaga nos recuerda que la vida debe tener siempre presente el destino (Ítaca), sin prisas, saboreando las experiencias del trayecto, como también nos advertía el gran Kavafis.

 

Pero en estos versos, la conciencia no es interioridad cerrada, sino vivencia que se abre a un mundo que busca manifestarse. En esta refinada pulsión de Joaquin Arespacochaga, la conciencia se hace inmanencia, como algo inherente al ser, unido a su esencia. La evidencia de una vibrante y extravertida reverberación. No hay dos percepciones (adentro y afuera), sino una sola, una vivencia intencional con la que Joaquin Arespacochaga se fusiona íntimamente con el irreductible destino.

 

Y ello, aunque el hombre proponga senderos distintos al propio destino. "Avanza destino/que soy el polvo que queda/después de haber sido camino". Todos vivimos inclinados ante la fuerza del destino, dioses y hombres, percibiendo la terrible hegemonía del azar. Pero Joaquin Arespacochaga nos propone algo ciertamente interesante, como antídoto de un mal que acecha al hombre moderno, y nos recuerda: la travesía debe ser el objeto, el fin no es llegar a puerto, pues no hay puerto salvo (error de la modernidad), el fin auténtico es y debe ser, navegar.

 

Esta bienvenida advertencia me trae a la memoria esa imagen del barco amarrado a puerto con las velas recogidas, que Edgar Lee Masters refiere en su relato lírico sobre "Spoon River", comentando un epitafio, el de George Gray, como perezosa metáfora del dejarse llevar en la vida, de renunciar en cierto modo a vivir abdicando de los propios anhelos, y cómo, en cambio, nos debe mover la necesidad de buscarle un sentido a la vida, luchar por vivir, que es lo que en este poema nos propone Joaquin Arespacochaga, nunca permanecer fondeado o amarrado a puerto. Navegar siempre nuestro acompañante destino.