El Zorzal criollo sigue cantando


LUIS ÁNGEL MUÑOZ ZÚÑIGA
ESPECIAL DIARIO OCCIDENTE

Carlos Gardel (Toulouse Francia, 1890) falleció en Medellín el 24 de junio de 1935, en un accidente aéreo tras despegar del aeropuerto Olaya Herrera. Desde su muerte, en los hogares citadinos y en los ranchos campesinos, de la primera mitad del siglo XX, Carlos Gardel fue objeto del fanatismo de los colombianos. Se le rindió culto en altarcitos, entre la trinidad formada por: el Sagrado Corazón de Jesús, Jorge Eliecer Gaitán y él. Desde 1886, la nueva República de Colombia, en el gobierno de Rafael Núñez, constitucionalmente oficializó la fe católica. Gaitán fue esperanza de redención política, “yo no soy un hombre, soy un pueblo”. Y el Zorzal Criollo, encarnó con su voz la expresión cultural de los trabajadores, de los rufianes y de las percantas. Por eso el tango fue germen de la canción social y de protesta.

Un fantasma recorre el mundo

El tango surgió a la par de las migraciones europeas, especialmente de las italianas y las francesas, que con proyectos comerciales y urbanísticos aventuraron nuevos horizontes en la región rioplatense de Argentina. El tango fue un fenómeno social arraigado entre los jornaleros, en barrios bajos porteños y en los conventillos. Recién incursionó por las riberas del rio de La Plata, fue discriminado de los salones sociales, pero debido a su belleza musical, admiración popular y aprobación de academias de Paris, pronto se admitió oficialmente y figuró como la música representativa de Argentina, hasta emerger como el fantasma que recorre el mundo.

Borges y Sábato, tangófilos

Desde las dos orillas ideológicas el tango llamó la atención de los intelectuales. Jorge Luis Borges y Ernesto Sábato, por ejemplo, le dedicaron versos o lo tomaron como objeto de estudio en sus ensayos. “Yo habré muerto y seguirás/ orillando nuestra vida; / Buenos Aires no te olvida, / tango que fuiste y serás. / (Borges). “Y, nos plazca o no, también es cierto que esa esquematización encierra algo profundamente verdadero, pues el tango encarnaba los rasgos esenciales del país que empezábamos a tener: el desajuste, la nostalgia, la tristeza, la frustración, la dramaticidad, el descontento, el rencor y la problematicidad”. (Sábato).

El tango tenía los elementos artísticos necesarios para innovar la historia de la música popular: letras lunfardas, mensajes sociales, música orquestal y la coreografía de su danza. Pero necesitó una voz que lo universalizara. “Los payadores y milongueros anteriores a él habían canturriado casi en voz baja, con una entonación que oscilaba entre lo cantado y lo oral; Carlos Gardel fue acaso el primero que dejó ese desgano y cantó con toda la voz. Fue también el primero que acometió con toda deliberación lo patético. Los letristas escribieron tangos para él, que le permitían un sollozo o queja final. Los versos eran casi siempre sentimentales y a veces rencorosos; Gardel los cantaba con cierta indiferente premura y una que otra vez con cinismo.” (Borges).

Danza sensual y letras lunfardas

Los musicólogos señalan el candombe y la milonga como las raíces musicales del tango. “Por una cabeza”, “Caminito”, “Cuesta abajo”, “Mi Buenos Aires querido”, “Volver”, “El día que me quieras”, entre otros, cantó Gardel. Acompañó sus primeros temas con la guitarra. Sólo con la adopción del bandoneón, el piano y los violines, el tango logró su identidad. El tango condujo a una danza popular muy sensual, censurada en su inicio por inmoral, ahora motivo de festivales mundiales. La relación música y literatura quedó fuertemente ligada en el tango. La sociología estudia las jergas de las comunidades híbridas, resultantes de los movimientos migratorios, desclasadas y al margen de la ley. El lunfardo, lenguaje del malevaje, hablado por rufianes y percantas, fundamentó el tango. Entre los millares de sus jergas lunfardas, por ejemplo, escuchamos: cabrero (enojado), chorro (ladrón), gambetear (eludir), gayola (cárcel), mango (un peso), otario (tonto), percanta (concubina), tallador (guapo), yugar (trabajar).

Gardel, primer mito

El origen social desconocido del cantor incidió favorablemente en la aceptación popular y el posicionamiento artístico. En el siglo XX este fenómeno musical empezó a recorrer el continente en franca lid con el bolero y la música afrolatina. La fama hizo que Carlos Gardel fuese escogido como el primer mito argentino. Aunque no se certificó su origen, Francia, Uruguay y Argentina, siempre se han disputado la cuna de Carlos Gardel. Los argentinos incluyen su nombre junto a Juan Domingo Perón, Ernesto Guevara y Diego Armando Maradona, cada vez que refieren con orgullo su personalidad emblemática.

NOTA ACLARATORIA: Pedimos disculpas que el sábado 20 de junio, página 12 CULTURA, Propiedades terapéuticas de la música, erróneamente decía “Lugar a dudas”. Corrijo, léase: “La topa tolondra”.

Comments